Aunque la autopista Bilbo-Behobia ha abierto una falla insalvable en mitad de esta zona, la historia de estos tres pequeños centros y su entorno paisajístico y humano, así como su inmediatez física, les confiere una personalidad en torno a la ruta que unió las ferrerías del interior del valle con la Lonja y Puerto de Bedua.
Desde Iraeta y su ferrería, los carros cargados de hierro transformado ascendían hacia el barrio de Arroa, hasta la que fue venta de Katia (cadena, es decir, aduana). De allí se llegaba al barrio de Ibainarrieta y del mismo, a la ermita de San Lorenzo. Tras esta se descendía, en fuerte pendiente, a la lonja de Bedua, al borde del estuario del Urola. Este mismo camino puede hacerse en la actualidad casi en el mismo clima sosegado de antaño
Más primitiva es la ermita de San Lorenzo, enclavada en una elevación desde la que se domina la costa, bajomedieval, con rústico atrio y coro de madera con alas laterales.
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Arroa se divide en dos entidades poblacionales: Arroa Goia y Arroa Behea. La primera sigue manteniendo los modos de vida del campo vasco; entre sus construcciones destacan la parroquia del XVI y el palacio Baltzola. Arroa Behea nació de forma espontánea al configurarse en lazo de unión entre las vías férreas del Vascongado y el desaparecido ferrocarril del Urola, a lo que se unió la implantación de factorías de memento, ya desaparecidas.
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Arroa se divide en dos entidades poblacionales: Arroa Goia y Arroa Behea. La primera sigue manteniendo los modos de vida del campo vasco, sólo asaltados por la construcción, en la década de los setenta, de la autopista Bilbo-Behobia que produjo una dicotomía entre caseríos viejos y nuevos (aquellos que sustituyeron a los desaparecidos bajo el trazado de asfalto).
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