
Cinco son los molinos, que más o menos transformados quedan en pie en el arroyo de Altzolarats. Tres son sus ferrerías (Txiriboga, Goikola y Bekola). También Iraeta tuvo molino y ferrería. Ambos lugares utilizaron la fuerza del río para transformar el hierro y los productos agrícolas.
De entre las ferrerías, Goikola, y sobre todo Bekola, son las que se encuentran en mejor estado. Esta última constituye un ejemplo único, habiéndose conservado las conducciones de agua (presas y canales), la ferrería propiamente dicha (dividida en almacén y forja), el molino contiguo (que aún se utiliza) y el caserío Bekola, buen ejemplo de modos de construcción populares y que resulta elemento indisoluble en la explotación del conjunto al haber servido de alojamiento a los ferrones.
Este mismo uso es el origen de la peculiar estructura urbana de Iraeta: una concentración de trabajadores de la ferrería que, sucesivamente adaptada a otros usos industriales, retuvo a una población estable, hasta que privada definitivamente de la actividad industrial, obligó a sus trabajadores a dedicarse a la explotación agrícola de la fértil llanura aluvial del Urola. El resultado es un conjunto atípico de casas de labranza ( por cuanto lo normal es que estas estén separadas entre sí).


