Akoa y Aizarna son dos valles cerrados de en los que las aguas desaparecen, por tanto, bajo el subsuelo, filtrándose por pequeñas y abundantes dolinas. Ambos valles han tenido gran vocación agrícola lo que ha posibilitado la existencia de modos de vida que tienden a desaparecer ante el ímpetu industrial. Pese a las lógicas e inevitables transformaciones sufridas, aún puede verse pastoreo tradicional de la oveja del País, la latxa, y el cultivo no mecanizado. Aizarna es población de orígenes antiguos e inciertos y fue quien fundó la Villa de Santa Cruz de Cestona (Zestoa). De la antigua pujanza económica de Aizarna es buena muestra su iglesia parroquial, obra íntegramente del siglo XVI. Esta guarda un tríptico flamenco de la escuela de Amberes (siglo XVI), una de las más hermosas y singulares portadas renacentistas guipuzcoanas y elementos muebles de gran interés.
Tan antiguo o más que la misma Aizarna es su ermita de Santa Engracia. Enclavada sobre una abrupta peña, es un punto privilegiado en el paisaje guipuzcoano y lugar favorito de los montañeros. Desde la misma se divisan los macizos de Ernio e Izarraitz y la solana de Pagoeta junto al profundo valle de Altzolaras. La ermita está rodeada de tradiciones de interés etnográfico.
Del mismo modo, las fiestas populares de Aizarna (15 de agosto) dejan ver su vocación rural al hacer del deporte tradicional vasco y la trikitixa su principal foco de atención.
Akoa y Aizarna son dos valles cerrados de carácter endorreico rellenados por la acumulación de sedimentos provenientes de las laderas circundantes. Esto hace que sus suelos sean ricos, dedicados al cultivo intensivo, y que las aguas desaparezcan bajo el subsuelo, filtrándose por pequeñas y abundantes dolinas. Las colinas circundantes, allí donde no ha habido repoblación forestal, han conservado la vegetación autóctona de la zona; en un espacio relativamente pequeño, puede encontrarse un amplio espectro de la vegetación cantábrica.
La diversidad de arbolado facilita el hábitat a múltiples especies de aves de pequeño porte presa de modestas rapaces como el aguilucho pálido, el ratonero común y el cernícalo.
La vocación agrícola de estos valles posibilita la existencia de modos de vida que tienden a desaparecer ante el ímpetu industrial. Pese a las lógicas e inevitables transformaciones sufridas, aún puede verse pastoreo tradicional de la oveja del País, la latxa, y el cultivo no mecanizado.
Del mismo modo, las fiestas populares de Aizarna (15 de agosto) dejan ver su vocación rural al hacer del deporte tradicional vasco y la trikitixa su principal foco de atención.